
Hoy, 2 de septiembre, Ceuta celebra el día de su Ciudad Autónoma. Es una jornada para reconocer lo que significa esta ciudad: un lugar de encuentro entre orillas, culturas, historias y personas. Pero este año la celebración llega marcada por una crisis humanitaria que nos obliga a mirar a Ceuta con especial atención y, sobre todo, con humanidad.
Desde la Coordinadora Andaluza de ONGD queremos aprovechar esta fecha para expresar nuestros deseos para Ceuta. No son deseos ingenuos ni ajenos a la complejidad de la situación. Son deseos profundamente realistas, porque parten de una convicción: incluso en las circunstancias más difíciles, una sociedad puede elegir cómo responder. Y Ceuta está demostrando que la solidaridad, la convivencia y el compromiso con los derechos humanos siguen siendo posibles.
Nuestro primer deseo es el más importante: que no se pierda ni una vida más.
Recordamos hoy a las personas que han muerto en el contexto de esta crisis, personas que tenían un nombre, una historia, una familia, unos proyectos y unos motivos para emprender un camino que terminó de la peor manera. Sus vidas no pueden convertirse en una cifra ni ser usadas vilmente para el enfrentamiento geopolítico, entre partidos o por parte de determinados países o cargos de la UE. Detrás de cada muerte hay una tragedia humana que interpela a todas las instituciones y a toda la sociedad.
Deseamos que la protección de la vida y de la dignidad humana sea siempre el punto de partida. Que nadie tenga que arriesgar su vida para buscar seguridad, protección o un futuro. Y que, cuando estas situaciones se producen, la respuesta sea la de un Estado democrático: proteger, atender y garantizar derechos. Apostamos por la prevención: la garantía de vías legales y seguras y la cooperación internacional deben ser herramientas fundamentales para una Europa que ha de replantearse un modelo migratorio basado en la externalización de fronteras; no solo no funciona, sino que niega derechos y está detrás de episodios como el de Ceuta.
Nuestro segundo deseo es que todas las personas que se encuentran hoy en Ceuta reciban una atención adecuada a sus necesidades y circunstancias. Especialmente quienes están en una situación de mayor vulnerabilidad: niñas, niños y adolescentes; mujeres; personas procedentes del África subsahariana; familias; personas enfermas o en situación de especial fragilidad; y quienes puedan tener motivos para solicitar protección internacional y asilo.
Cada persona debe ser escuchada y atendida individualmente. La edad, las circunstancias personales, la situación familiar, las posibles necesidades de protección y las razones que han llevado a cada persona hasta Ceuta deben ser tenidas en cuenta. En el caso de los menores, debe prevalecer en todo momento su interés superior, con una protección adecuada y con recursos suficientes para garantizar sus derechos.
Deseamos algo que puede parecer sencillo, pero que es fundamental: que Ceuta pueda recuperar cuanto antes la normalidad.
Que niñas y niños comiencen su curso escolar en un clima de tranquilidad. Que las familias puedan recuperar sus rutinas. Que los comercios, los centros educativos, las asociaciones y los servicios públicos puedan desarrollar su actividad normalmente. Que la población ceutí no tenga que vivir permanentemente bajo la presión de una emergencia.
Para ello hacen falta medidas inmediatas, pero también una mirada más amplia. La crisis no puede resolverse únicamente con respuestas de emergencia. Necesitamos políticas migratorias europeas que sean capaces de anticiparse a estas situaciones, vías legales y seguras de movilidad y protección, mecanismos eficaces de acogida y corresponsabilidad entre territorios, cooperación con los países de origen y tránsito basada en los derechos humanos y políticas que aborden las causas profundas de las desigualdades y de los desplazamientos forzados.
Deseamos, por tanto, que Ceuta no esté sola.
Una crisis de estas dimensiones no puede recaer sobre las capacidades de una ciudad autónoma ni sobre quienes llevan años trabajando sobre el terreno. Las administraciones públicas deben aportar recursos suficientes, coordinarse eficazmente y compartir responsabilidades. La solidaridad entre territorios no puede depender de la voluntad puntual de unos pocos: debe formar parte de una respuesta pública organizada, estable y corresponsable.
Queremos reconocer especialmente a las organizaciones sociales y humanitarias que están trabajando en Ceuta. Su experiencia, su conocimiento de la realidad y su capacidad de acompañamiento son imprescindibles. Están ayudando a atender necesidades básicas, orientar, proteger y acompañar a personas en situaciones extremadamente difíciles. Su trabajo debe ser facilitado y protegido.
Por eso, rechazamos cualquier ataque, señalamiento, intimidación o criminalización de las organizaciones y de las personas que ejercen la solidaridad. La preocupación, el cansancio o la frustración que pueda existir en una sociedad sometida a una presión extraordinaria son comprensibles. Lo que no puede ser una respuesta aceptable es dirigir ese malestar contra quienes más necesitan protección o contra quienes están tratando de ayudar. La violencia y los discursos de odio agravan una situación ya de por sí extraordinariamente compleja y dañan al conjunto de la sociedad ceutí.
Nuestro deseo es, por tanto, que se proteja la convivencia y se cuide a quienes la hacen posible.
Ceuta tiene una larga experiencia de diversidad y convivencia. Esa realidad no es un problema que haya que resolver: es una parte esencial de su identidad y también una oportunidad. La interculturalidad, el encuentro entre comunidades y el reconocimiento de la pluralidad forman parte de la riqueza de la ciudad.
Por eso, en un momento de tensión, necesitamos más que nunca responsabilidad. No encender el odio. No propagar bulos. No compartir informaciones que no hayan sido contrastadas. No convertir el miedo en rechazo. No utilizar a las personas migrantes como herramienta de confrontación política.
La desinformación puede extenderse con enorme rapidez y generar consecuencias reales. Frente a ella, necesitamos información rigurosa, serenidad y capacidad para distinguir los hechos de los rumores. Las instituciones, los medios de comunicación, las organizaciones sociales y también cada persona tenemos una responsabilidad en la construcción del relato colectivo.
Deseamos asimismo que se cumpla la legalidad y se garanticen los derechos humanos. La defensa de los derechos no es incompatible con la gestión ordenada de las fronteras, ni con la seguridad, ni con la responsabilidad de las administraciones. Al contrario: en un Estado de derecho, las normas y las garantías son precisamente las herramientas que permiten responder a situaciones difíciles sin dejar a nadie atrás.
Las decisiones sobre cada persona deben adoptarse conforme a la ley, atendiendo a sus circunstancias individuales y respetando las garantías que corresponden a cada caso. Las soluciones colectivas, indiscriminadas o improvisadas no pueden sustituir a los procedimientos que establece nuestro ordenamiento jurídico.
Ceuta necesita soluciones para hoy, pero también decisiones para mañana.
Nuestro último deseo, quizá el que resume todos los anteriores, es que esta crisis no termine debilitando aquello que queremos preservar. Porque la respuesta positiva que una parte importante de la sociedad ceutí está ofreciendo en estas circunstancias también habla de Ceuta. Habla de una ciudadanía capaz de ayudar, de acoger, de organizarse y de comprender que una crisis humanitaria no se supera enfrentando a unas personas contra otras, sino sumando capacidades y responsabilidades.
Y esa mirada humanista no es patrimonio de Ceuta ni de quienes trabajan en las organizaciones sociales. Es un valor profundamente arraigado en nuestra sociedad y compartido por una mayoría de la ciudadanía española: la idea de que todas las personas merecen dignidad, que los derechos humanos deben protegerse y que la solidaridad no puede ser una palabra vacía cuando más necesaria resulta.
En este Día de la Ciudad Autónoma, desde la Coordinadora Andaluza de ONGD queremos estar cerca de Ceuta y de su ciudadanía. Y, sobre todo, deseamos una Ceuta en la que, cuando miremos atrás dentro de unos años, podamos decir que, ante una de las crisis más difíciles de su historia reciente, elegimos la humanidad, la responsabilidad y la solidaridad.
Feliz Día de Ceuta.