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“La tiranía de lo urgente”: la pandemia prioriza la respuesta médica pero aviva desigualdades estructurales

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Hay desigualdades sociales que, aunque ya antes estaban muy presentes, se han puesto especialmente de manifiesto por la pandemia. Laura Valladares Roldán (Universidad de Sevilla) y Salvador Méndez Vivas (Universidad Internacional de Andalucía) han expuesto en el IV informe del Observatorio de Desigualdad de Andalucía, presentado este lunes en Mairena del Aljarafe (Sevilla), unas primeras reflexiones en clave de género e infancia. “La envergadura de la pandemia ha sacado a relucir las deficiencias del sistema de bienestar español, acelerando el círculo vicioso de las desigualdades”, se resume en el quinto y último capítulo del informe, que apunta en términos generales a que la globalización neoliberal, la crisis derivada de ella y las políticas que se han venido implementando para revertir sus efectos han contribuido a acentuar la fractura social y las desigualdades ya antes existentes en Andalucía.

Al igual que en los tres informes anteriores (2017, 2018 y 2020), el Observatorio no es el resultado de un proyecto de investigación primario sino que sus contenidos se basan en la recopilación de información elaborada y analizada desde distintas disciplinas y perspectivas. Se trata de trabajos de investigación, recopilación y síntesis cuya principal finalidad es divulgar socialmente información y conocimiento, tanto sobre algunas de las desigualdades existentes en Andalucía, como sobre las razones de fondo que ayudan a entender por qué surgen, se mantienen, e incluso crecen y se renuevan.

Y este año la novedad, como no, ha sido un trabajo específico de las consecuencias de la pandemia, al menos en lo referente específicamente a género e infancia. Los autores referidos señalan que la incidencia del Covid-19 va mucho más allá de los contagios y el marco socioeconómico de las familias más pobres ha contribuido a agudizar durante la pandemia las situaciones de conflicto, habiendo aumentado el abuso y maltrato infantil durante el período de confinamiento.

Y hablan de “la tiranía de lo urgente” porque en experiencias en cierto modo similares al Covid-19, como los brotes epidemiológicos de Ébola y Zika, se priorizó a respuesta médica dejando al margen otros impactos asociados a las desigualdades sociales. “Resulta significativo que en las últimas crisis sanitarias, el impacto de género fuera infravalorado puesto que tan solo un 1% de los estudios académicos posteriores prestaron atención a esta perspectiva”, apuntan, aclarando que, “aunque el virus no discrimina en sí mismo, sí lo hacen las estructuras de poder establecidas que exponen más a las mujeres debido a los diferentes roles de género y hábitos de vida”.

Desigualdades estructurales

Junto a los impactos de carácter general, los autores analizan lo ocurrido respecto a la violencia de género, comparando la situación previa a la pandemia con la que incluye los efectos de ésta y teniendo en cuenta que el aumento de las solicitudes de asistencia por riesgo de violencia ha sido muy evidente durante el confinamiento. También se centra la atención en lo que respecta a las condiciones de trabajo, teniendo en cuenta los elevados riesgos de contagio que conllevan buena parte de las tareas realizadas por mujeres.

La infancia, por su parte, ha sido el colectivo social que clínicamente ha padecido de forma menos severa la pandemia, siendo muy bajos sus niveles de letalidad, pero no ha ocurrido lo mismo, sin embargo, en el ámbito social, donde se han notado significativos impactos directamente relacionados con el grado de vulnerabilidad de las familias. En el informe se recuerda que en 2019 un 44,4% de los hogares andaluces con menores de 18 años no pudieron afrontar gastos imprevistos. La alta tasa de desempleo en Andalucía, más de 7 puntos superior al promedio español para el total de la población y casi 10 puntos en el caso de las mujeres, explica en gran medida la alta vulnerabilidad de los hogares, sobre todo de los monomarentales, a juicio de los autores. A su vez, la convivencia en espacios pequeños, limitados y en condiciones de hacinamiento ha agudizado la vulnerabilidad de los menores en hogares con disfuncionalidades y problemas de relación.

Según los autores del capítulo, la educación a distancia nos mostró una brecha digital ‘invisible’. Y en los sectores vulnerables “se combinaron dificultades de apoyo a la infancia por bajo nivel educativo de padres y madres con contexto de una brecha digital que facilitaba el fracaso escolar”. Por todo esto, “reforzar los distintos mecanismos de protección social con políticas de inclusión y corrección de la inequidad que vayan más allá de la renta son más que nunca imprescindibles”. En este aspecto, “se han aprobado medidas importantes como el ERTE o el Ingreso Mínimo Vital, aunque su alcance y eficacia para mitigar la pandemia en los sectores vulnerables se está mostrando limitada” considera el informe.

Crear opinión, propuestas colectivas

“Los fondos europeos Next Generation deben garantizar una recuperación justa, permitiendo que niños, niñas y adolescentes vivan en condiciones que les permitan salir estructuralmente de la pobreza y las situaciones de exclusión social. Dichos fondos deben gestionarse de forma transparente, con un enfoque de género, igualdad y de justicia social, si queremos que la salida a la crisis no termine dejando a los sectores más vulnerables nuevamente en riego de padecer gravemente cualquier crisis futura”, resaltan los autores.

El Observatorio ve prioritario exigir a los poderes públicos que desarrollen nuevas políticas centradas en atender las necesidades de la población más vulnerable, considerando imprescindible generar periódicamente conocimientos sobre las desigualdades, sus causas y sus características para ayudar a profundizar en el análisis de un fenómeno muy complejo como este. En este sentido, el informe recoge una recopilación de información elaborada y analizada desde distintas disciplinas y perspectivas, cuya principal finalidad es divulgar socialmente información y conocimiento, tanto sobre algunas de las desigualdades existentes en Andalucía como de las razones de fondo por las que se producen.

“Es imprescindible un proceso de difusión social del conocimiento que ayude a crear opinión y a construir propuestas colectivas que promuevan la cohesión social y la equidad territorial, contribuyendo a reclamar el establecimiento de sistemas fiscales justos, el blindaje de las políticas sociales, y la eliminación de todas aquellas normativas y estrategias que limiten los derechos de la población más vulnerable y su pleno acceso a bienes y servicios esenciales”, señalan.

El informe se divide en varios capítulos, de los que se analizan desigualdades en el ámbito económico por Mª Carmen López (Universidad Loyola Andalucía), aspectos sociales que corren a cargo de Manuel Garrido y Francisco Javier Jiménez (Cáritas Andalucía), una reflexión sobre despoblación llega de la mano de Manuel Delgado y Antonio Cano (Universidad de Sevilla). Asimismo, un capítulo sobre movilidad social lo escribe Ildefonso Marqués (Universidad de Sevilla), otro en clave de género lo hace Laura Valladares (Universidad de Sevilla), y finalmente, respecto a la infancia habla Salvador Méndez (Universidad Internacional de Andalucía). La información utilizada para la realización del informe procede únicamente de tres organismos públicos: el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), el Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Oficina Europea de Estadísticas (Eurostat).

Texto publicado originalmente en eldiario.es/andalucia

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