Justicia Alimentaria lanza la campaña 'El asalto al cuerpo'

11 febrero, 2026
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Justicia Alimentaria lanza EL ASALTO AL CUERPO, una campaña que denuncia el negocio creciente de los productos “milagro” vinculados a la alimentación, el control del peso y el culto al cuerpo, especialmente dirigido a menores y adolescentes, en un contexto donde la regulación es parcial, ineficaz o inexistente.

Mientras algunos países avanzan en limitar el acceso de menores a redes sociales, la publicidad de dietas milagro, complementos y productos “fitness” sigue operando con escaso control, alimentando un mercado que alcanzará los 200.000 millones de euros en 2026 y agravando problemas de salud pública como los trastornos de la conducta alimentaria y la gordofobia.

El capitalismo ha encontrado en nuestros cuerpos un terreno propicio para el negocio. La digitalización de todos los aspectos de nuestras vidas y el protagonismo de la imagen en la era de las redes sociales han configurado un nuevo marco social: el culto al cuerpo.

El asedio a nuestros cuerpos se traduce en la búsqueda del cuerpo “ideal” y la proliferación de medios para conseguirlo (sea el ejercicio, las dietas o la cirugía estética), en el negocio descomunal en torno a todo ello y en las consecuencias sobre la salud.

Un recorrido que nos lleva a la necesidad de políticas públicas que regulen el mercado, protejan la salud y garanticen nuestro derecho a una alimentación saludable.

Asedio al cuerpo, ¿qué está pasando?

Hacer deporte (correr, ir al gimnasio), seguir dietas (variopintas y milagrosas), “arreglos” físicos del cuerpo (cirugía estética) son prácticas en auge. Y aunque parezcan diferentes, tienen un objetivo común: modelar nuestros cuerpos para que sean más atractivos, juveniles y “saludables”. Todo acompañado de una variedad interminable de productos y servicios: indumentaria especial para cada deporte, inscripciones en gimnasios y eventos deportivos, productos dietéticos, suplementos alimenticios, clínicas de estética…

Este hiperconsumo en torno al cuerpo se ha abierto camino gracias a la digitalización: el teléfono móvil, con el acceso que nos da a todo en todo momento, las redes sociales y el mundo influencer.

Las consecuencias del asedio al cuerpo

El precio a pagar por la obsesión del culto al cuerpo es una presión sobre nuestras vidas que afecta, precisamente, a nuestra salud. Vamos a destacar dos consecuencias graves, los Trastornos de la Conducta Alimentaria y la gordofobia, que tienen cada vez un mayor impacto en la sociedad.

Trastornos de la Conducta Alimentaria

Las conductas alimentarias son inseparables del contexto social, económico y cultural en el que tienen lugar. Y es desde ahí desde donde queremos mirar el preocupante aumento de algunos Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) como la anorexia y la bulimia.

Se calcula que en el Estado hay unas 400 000 personas con algún trastorno de la conducta alimentaria, de las que 300 000 tienen entre 12 y 24 años. Y es que aparecen en edades cada vez más tempranas: en los últimos cuatro años se ha constatado un incremento de un 15 % en menores de 12 años.

Gordofobia

El rechazo a las personas gordas (la gordofobia) está muy presente en la sociedad, aunque no siempre nos demos cuenta. Lo habitual, cuando vemos personas gordas, es que pensemos que son perezosas, glotonas, descuidadas, que se alimentan mal, que no hacen ejercicio… La persona gorda es vista, ante todo, como alguien que no hace lo suficiente por cuidarse. Esta idea, basada en prejuicios, no tiene en cuenta la diversidad de los cuerpos ni todos los factores que inciden en que una persona esté gorda o tenga sobrepeso.

El cuerpo gordo es percibido como fracasado, un cuerpo que habría que corregir. Y es discriminado en todos los espacios de su vida: comentarios o insultos en espacios públicos y en las redes sociales, acoso escolar, exclusión laboral, marginación en el deporte… Incluso en el ámbito médico.

Qué pide Justicia Alimentaria

El nuevo orden neoliberal defiende a ultranza el mercado y el individualismo. Así, el cuidado del cuerpo, la salud y la alimentación, recaen ante todo en cada persona que, supuestamente, tiene suficiente información y libertad de elección.

Pero en la vida real, tanto la información como la capacidad de elección están ultra influenciadas por los intereses de la gran industria. Nos enfrentamos a un mercado desregulado y a una oferta interminable de productos y servicios, promovidos por una publicidad omnipresente y altamente persuasiva.

Frente a esto, hacen falta políticas públicas que regulen de forma eficaz a la industria alimentaria, protejan nuestra salud y garanticen el acceso a una alimentación saludable. En concreto, políticas que:

  1. Eviten la publicidad de alimentos insanos, especialmente la dirigida a la población infantil y juvenil.
  2. Ordenen y regulen todo lo relativo a las dietas (y sus productos asociados), su existencia, su publicidad y sus prácticas.

Más información y firmas de apoyo a la campaña

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