Tres millones de cooperativas piden paso para frenar el hambre y la crisis climática

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Hoy el 12 por ciento de la población mundial está asociado a alguna de los tres millones de cooperativas que existen en el mundo. Solo en España 3700 cooperativas con 1,2 millones de socios y socias manejan un volumen de 34 000 millones de euros.

Dado que los sistemas alimentarios están relacionados con el 57% de las emisiones de gases de efecto invernadero y que la mitad de los alimentos que comemos han sido producidos, transformados o comercializados por cooperativas, pueden tener un papel protagonista para combatir la crisis climática y la desnutrición.

“El conocimiento es hoy un recurso estratégico para luchar contra el hambre. Las organizaciones humanitarias no podemos limitarnos a cubrir necesidades básicas: derrotar definitivamente la desnutrición pasa por el intercambio entre iguales en el centro de los sistemas alimentarios y en todas las fases de la cadena alimentaria”, explicaba en la inauguración del acto  Amador Gómez, director técnico de Acción contra el Hambre. Teresa López, vicepresidenta de Acodea, coorganizadora del encuentro, pedía paso para los cooperativistas a la hora de responder a retos globales: “el intercambio directo entre productores contribuye a 11 de los 17 objetivos de desarrollo sostenible”.

Detallaba esta contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible Juan Sagarna, representante de Cooperativas Agroalimentarias: “las cooperativas producen más alimentos (ODS1), de una forma más responsable (ODS12), comprometidas con la lucha con el cambio climático (ODS13), la descarbonización (ODS7) y el freno al deterioro de la biodiversidad (agrodiversidad y reducción del monocultivo, ODS15), facilitando una estructura y actividad económica en el medio rural (ODS9) que ralentiza la despoblación, el envejecimiento y la masculinización (ODS5) con oportunidades laborales decentes (ODS8)”. También ha reconocido la labor de las cooperativas y su rol comunitario: “es la última empresa en cerrar en un pueblo, la más resiliente”.

Para Patxi Vera, de la Unión de Cooperativas Agroalimentarias Navarra (UCAN), el valor añadido de las cooperativas es que “aportan valor social, como el freno a la despoblación en el medio rural”.

Agripoolers, iguales vs consultores

Para defender mejor el enfoque de cooperación entre iguales a partir de la experiencia de otros países, Manuel Nogales, director de Acodea, ha enfatizado que “el cambio en la producción agrícola que impulsamos a través del modelo de cooperativas no busca solo una mayor producción agrícola, también una mayor democratización de la toma de decisiones por parte de los propios productores”. A este respecto, Nogales se ha referido a la figura del agripooler para poner de manifiesto que, en el enfoque de cooperativa a cooperativa, esta figura “no es la de un consultor externo, sino la un igual que intercambia con otro igual conocimiento sobre temas como gestión financiera, marketing, cabildeo o la inclusión de la mujer en la gestión de la producción agrícola”.

Leire Luengo, representante de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) destacaba cómo a través de las cooperativas “se incrementan las economías de escala, se abordan las fallas del mercado, se reducen los costes de transacción y se aumenta el poder de negociación de los agricultores. En los países en desarrollo las cooperativas ayudan a las comunidades a redistribuir los recursos y a acceder a servicios, créditos e insumos”.

Cees Van Rij, gerente de Agriterra, una organización de productores y cooperativistas holandeses que apoya a cooperativas a nivel mundial: “el desarrollo tiene que ser dirigido por los propios productores en primera instancia, ellos pueden encontrar su propio destino y esto no es incompatible, ni mucho menos, con la generación de negocios competitivos y eficientes”.

El objetivo último de este encuentro, organizado por Acción contra el Hambre y Acodea y enmarcado en los esfuerzos de Educación para el Desarrollo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), es alentar a los cooperativistas españoles a involucrarse en este tipo de intercambio de conocimiento y experiencias con cooperativas del sur, además de ofrecer a las agencias de cooperación, nacional y descentralizada, una vía efectiva de implementación de sus estrategias de lucha contra el hambre, invitando a la financiación de este modelo de gran impacto y eficiencia.