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Territorios Palestinos: la COVID-19 desborda hospitales y hace más urgente la vacunación

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Una nueva ola de COVID-19 golpea con fuerza a Cisjordania desde febrero de 2021. Los más de 20.000 casos activos de COVID-19 han agregado mucha presión sobre un sistema de salud ya de por sí frágil y en el que el personal sanitario está teniendo serias dificultades para brindar una atención adecuada a un número creciente de pacientes. Tanto el Gobierno de Israel como la Autoridad Palestina tienen que aumentar de inmediato y con la máxima prioridad las medidas para frenar la propagación de la COVID-19 y sus nuevas variantes. Así mismo, deben realizarse mayores esfuerzos en la prevención de contagios y en el manejo de casos.

“El número de casos positivos está en su nivel más alto desde que comenzó la pandemia”, explica el doctor Juan Pablo Nahuel Sánchez, médico de la unidad de cuidados intensivos de Médicos Sin Fronteras. “En estos momentos, tenemos 71 personas hospitalizadas en el hospital de Dura, en Hebrón —el principal hospital y la única instalación médica designada para atender a pacientes de coronavirus en el sur de Cisjordania—, y 27 de ellas están en la uci”, señala, y añade: “El hospital está funcionando por encima de su capacidad, no hay suficiente espacio, camas o personal para asistir a todos los pacientes críticos, y la gente está muriendo”.

El porcentaje de personas más jóvenes afectadas por la COVID-19 también ha aumentado drásticamente y, en la actualidad, uno de cada tres pacientes que ingresan en el hospital de Dura tiene entre 25 y 64 años, mientras que antes la mayoría eran mayores de 64 años”, añade el doctor Sánchez.

Aproximadamente el 75% de los casos muestreados en Cisjordania corresponden ahora a la variante B117, identificada por primera vez en Reino Unido, según el análisis genómico del Ministerio de Sanidad palestino. Se cree que esta variante es un 50% más transmisible que las anteriores. Los estudios han sugerido recientemente que la variante tiene entre un 40% y un 60% más de probabilidades de provocar una COVID-19 grave, que requiere oxígeno suplementario y asistencia respiratoria, con un mayor riesgo de muerte. Dado que las variantes de COVID-19 circulan en los Territorios Palestinos, es necesario intensificar el muestreo para conocer su grado de propagación.

En Nablús, en el norte de Cisjordania, la situación es igualmente preocupante. El hospital de la Media Luna Roja Palestina (MLRP) está operando por encima de su capacidad y, en estos momentos, está transformando su unidad de cuidados respiratorios en una sala para pacientes con COVID-19.

“Estamos haciendo todo lo posible para salvarlos a todos”, explica Marius Sanciuc, enfermero de la uci de MSF, que brinda formación y apoyo médico al personal del hospital de la MLRP. “El mayor reto es que el personal del hospital tiene poca experiencia en el cuidado de pacientes muy enfermos o con COVID-19, y procedimientos sencillos como la pronación —que consiste en colocar al paciente boca abajo para mejorar la respiración— han planteado numerosas dificultades”, señala. “Imagina tener que girar a un paciente que tiene numerosas vías intravenosas y tubos conectados al abdomen y a la espalda —asevera Marius—; es una tarea difícil para la que se necesitan cinco personas, aunque no es imposible”.

En la Franja de Gaza, el número de casos de COVID-19 disminuyó en febrero, pero a mediados de marzo ha vuelto a aumentar. El sistema sanitario de Gaza ya está paralizado por los daños infligidos por décadas de ocupación israelí y un bloqueo económico prolongado. En un contexto así, la preocupación aumenta ante una nueva ola de COVID-19.

A medida que la COVID-19 se extiende por Cisjordania y Gaza, la población palestina sigue desprotegida. “Estamos muy preocupados por el retraso y la lentitud del despliegue de la vacunación”, afirma Ely Sok, coordinador general de MSF en los Territorios Palestinos. “Por un lado, en Israel, la gran disponibilidad de dosis de vacunas está permitiendo al Gobierno perseguir la inmunidad de grupo, sin ninguna intención de contribuir de forma significativa a la mejora de las tasas de vacunación en los Territorios Ocupados, —dice— y, por otro lado, ha resultado difícil obtener una imagen clara de la disponibilidad y la estrategia de entrega de las dosis de vacunas ya recibidas por parte de las autoridades sanitarias palestinas. Mientras tanto, el personal de primera línea y los grupos de alto riesgo en los Territorios Ocupados distan mucho de tener protección contra la enfermedad”, concluye.

A mediados de marzo, menos del 2% de la población palestina había sido vacunada contra la COVID-19 en Cisjordania y Gaza, una cifra alarmantemente pequeña en el contexto de la tercera ola de una pandemia mortal.

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