Informe: 'La Salud en la Cooperación al Desarrollo y la Acción Humanitaria 2023'

La Salud Global (o salud de la población mundial en su conjunto) se impone sobre el concepto de Salud Internacional (o salud de las poblaciones más allá de sus fronteras nacionales). Por fin los gobiernos reconocen que ya no pueden contemplar la salud como una cuestión nacional. Si en los 80 el VIH/Sida puso la salud en el centro de la atención mundial, los 2000 lo hizo el SARS y un lustro más tarde la gripe por el virus A(H1N1).

Tuvimos que esperar a la pandemia de la COVID-19 para que la comunidad internacional entendiera que la salud debe ser uno de los principales asuntos mundiales de nuestro tiempo. Y por primera vez, la salud se impone en la COP28 al agendar un día dedicado exclusivamente a la salud, y al igualar la crisis climática a la crisis de salud.

Los desafíos ambientales relacionados con la salud en el mundo son irrefutables. Van desde la propagación de enfermedades infecciosas hasta el aumento de las infecciones transmitidas por el agua y los impactos de la contaminación del aire en la salud, pasando por la aparición de nuevas enfermedades como consecuencia de la interacción entre el hombre, los animales y el entorno. Mención aparte merecen todo tipo de microorganismos, ya sean bacterias, virus, parásitos u hongos. Las resistencias que estamos creando por el mal uso de medicamentos tanto en personas como en animales matará a más personas que el cáncer en 2050.

La salud del mundo humano, animal y vegetal se entrelaza claramente, y se aplica el enfoque One Health (Una sola Salud), que aboga por una combinación de medicina humana y veterinaria en respuesta a las zoonosis. Desde entonces, «Una sola salud» se aplica a una serie de problemas de salud como puede ser la resistencia a los antimicrobianos (RAM), las zoonosis, enfermedades transmitidas por vectores (dengue, el virus del Nilo Occidental, la enfermedad de Lyme y el paludismo) o la salud ambiental.

Con respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, estamos a mitad de camino para su logro: un 30 % de las metas se han estancado o retrocedido, un 50 % tienen avances insuficientes y solo un 20 % de las 169 metas previstas están en situación de cumplirse en 2030. Si bien los efectos devastadores de la pandemia, la guerra en Ucrania y la crisis climática han puesto freno al progreso, el compromiso y una acción urgente de los gobiernos permitiría acelerar los ODS y lograr un progreso significativo, especialmente para las personas más vulnerables.

También la pandemia ha supuesto un freno para alcanzar la Cobertura Sanitaria Universal (CSU). Las mejoras en los servicios sanitarios se han estancado y la proporción de la población que se enfrenta a niveles de gasto de bolsillo en salud ha aumentado. En 2023 se ha reafirmado el compromiso internacional con la CSU, pero este compromiso se hará realidad sólo si se cubren los 328.000 millones de dólares de inversión por año necesarios para ampliar un enfoque de atención primaria de salud en países de ingresos bajos y medianos.

Como vemos, la salud está marcada por las consecuencias de acontecimientos globales. Uno de los más importantes son los conflictos mundiales como la guerra en Ucrania. Es una realidad que la violencia y la inseguridad interrumpen los servicios de salud y aumentan el riesgo de enfermedades infecciosas. Además de provocar la mayor huida de personas desde la Segunda Guerra Mundial con un aumento significativo de la partida de ayuda a personas refugiadas en 2022, 29.237 millones de dólares, una cifra jamás vista anteriormente por este concepto.

Este hecho reabre el debate de si estos fondos deben computarse como AOD en la medida en que estos fondos se gastan en los propios países donantes, financiando servicios y dispositivos de distinta naturaleza para la atención y acogida a refugiados, se produce una reorientación de la ayuda hacia las necesidades de los donantes, restando recursos a la lucha contra la pobreza y la mejora de las condiciones de vida en los países vulnerables.

Para cubrir todas las necesidades existentes en el mundo, sanitarias y no sanitarias, los países del CAD destinaron 203.995 millones de dólares a cooperación, el 0,36 % del PIB, lo que supone un aumento del 13,6 % respecto a 2021. De esta cantidad, 19,4 millones de dólares se destinaron a acciones relacionadas con la COVID-19, lo que representa el 9,5 % del total de la AOD.

La cooperación española aportó 4.120 millones de euros, un incremento del 31,9 % respecto al año anterior, alcanzando el 0,30 % de la renta nacional bruta (RNB), un porcentaje muy alejado del 0,36 % de la media del conjunto de donantes del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD), del 0,56 % de la media de los países de la UE y del compromiso del 0,7 % adquirido hace más de 50 años en el seno de las Naciones Unidas (NN. UU.).

El sector salud en la cooperación española cobra relevancia y pasa de absorber el 16,8 % de AOD en 2021 al 9,76 % en 2022. El descenso de fondos en 124 millones de euros sitúa el aporte a salud en 402 millones, y aleja de nuevo la cooperación española en salud del 15 % de media que destinan los países del CAD. De este total consignado a salud, el Ministerio de Sanidad aparece como primer donante con el 43,8 % de toda la AOD española en salud (176,3 millones de euros), lo cual sería positivo de no ser porque, de esa cantidad, el 99,6 % han sido donaciones de vacunas para COVID-19, en algún caso a países de renta media alta.

La cooperación descentralizada, que sigue siendo un actor importante en la Cooperación Española, crece en 2022, concretamente un 22 %, alcanzando los 418,1 millones de euros y situándose en su conjunto en el 0,13 % del presupuesto del conjunto de las CC. AA., un porcentaje que está muy por debajo de las posibilidades de la mayoría de las comunidades.

Informe elaborado por Médicos del Mundo y Medicus Mundi.

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