Reflexiones en torno a la crisis sanitaria desde el grupo de género de la CAONGD

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Ahora que todas las noticias giran en torno a este virus que nos mantiene en vilo, nosotras queremos alzar bien alto la voz.

Nosotras: Mujeres del grupo de trabajo de género, específico dentro de la Coordinadora Andaluza de Entidades de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Todas vinculadas, de una forma u otra a la cooperación internacional para el desarrollo, a lo ancho y llano de todo el planeta, presentes en todos los Territorios, desde lo Global a lo Local.

Desde el marco en el que nos movemos, laboral y personalmente, queremos poner sobre la mesa muchas de las cuestiones que vivimos hoy desde el punto de vista que nos da ser mujer y la “internacionalidad” de nuestras actividades.

Desde nuestro grupo de trabajo, ya vimos que la cosa empezaba fuerte con la denuncia por parte de uno de los sectores más feminizados que pueda existir: tareas de cuidados y limpieza de miles de hogares, muchas sin el respaldo de un contrato legal, porque estaban llevando a cabo su trabajo sin los medios de protección necesarios, en el peor de los casos han sido despedidas sin cobertura de ningún tipo, aprovechando en la mayoría de los casos, que estas Mujeres son Migrantes o Refugiadas en situación irregular en nuestro país.

Este virus ha puesto en jaque al mundo. Dos terceras partes de la población esta confinada, aunque evidentemente no de la misma forma en todas partes, ni para todos los hogares. Aunque si hay algo en común, siempre se resienten con mayor crudeza, aquellos integrado por personas migrantes o refugiadas, más de 4 millones de personas, con empleos poco calificados, o trabajos en la economía sumergida por su situación administrativa en España, y las familias monoparentales, que en el 82% de los casos están encabezadas por mujeres, y cerca del 50% está en riesgo de exclusión social. Las mujeres víctimas de explotación sexual y de trata, así como prostitutas que por esta crisis sanitaria se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad.

Sin ir más allá de nuestra situación como grupo de mujeres, nos planteamos, ¿Estábamos preparados para el teletrabajo? ¿Es el teletrabajo una buena forma de atajar este virus? ¿De qué se quejan ahora esas mujeres que están en casa con su prole? ¿Qué pasará cuando empiece el “decalaje” en el confinamiento y no haya una oferta educativa o de ocio para menores? ¿Quién se hace cargo en casa del papel de “profe” que toca interpretar a quienes tienen menores a su cargo? ¿Qué ocurre con todas estas Mujeres que estaban “cuidando”, en muchos casos, a las personas de edad más avanzada, que están siendo las que más ha azotado el Covid-19? ¿Y qué pasa con estas mujeres mayores que ya no tienen ese apoyo de las Mujeres Cuidadoras? ¿Están recayendo sus cuidados en otras Mujeres, sobrecargadas con sus dobles jornadas dadas por el teletrabajo y la maternidad? ¿Se planificaron o contemplaron medidas de conciliación respecto a todo esto que nos derivó de la crisis del coronavirus y el impacto que tendría en nosotras, las Mujeres?

Queremos seguir haciendo visible como este virus, nos afecta a nosotras de forma específica y aumentada por el hecho de ser Mujeres. En esta situación de confinamiento donde hombres y Mujeres conviven las 24 horas del día, la violencia machista está incrementándose. Ante el horror de miles de Mujeres que están encerradas con su agresor y el nuestro propio, también como Mujeres e igualmente víctimas de la opresión machista, vemos como en esta situación la violencia aumenta: solo en Andalucía, entre el 14 de marzo y el 14 de abril, 436 Mujeres han necesitado atención jurídica online, 165 más que en el mismo periodo del año anterior, y todo apunta a que la tendencia seguirá subiendo.

Asimismo, si echamos la vista a nuestros proyectos, ya sean de EpD, Humanitaria o Cooperación, en las Mujeres que habitan los mismos, en los diversos países y territorios, tanto en los que también se ha colado el Covid-19 con gran virulencia, como es Egipto, Sudáfrica, Argelia, Marruecos, América Latina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Guatemala, Brasil… entre otros; y el resto, ante esta crisis mundial, aislados, con las mismas medidas de confinamiento, pero con los proyectos suspendidos, con la Acción Humanitaria externa sin poder entrar, nos encontramos que se suma todo esto, que nos atraviesa a nosotras con esa mayor vulnerabilidad especifica de ellas.

Desde nuestro sector, uno de los más preparados para la gestión de emergencias internacionales y este tipo de crisis, se ha echado en falta que no se haya llamado a nuestras puertas, quedándonos en suspenso, en el “aire”.

Pero nosotras seguimos pensando en “las otras” cercanas y lejanas, y en cómo nos enfrentaremos al “después” para levantarnos con fuerza titánica a todas, y repitiéndonos una y otra vez, que nadie quede atrás.

Este virus, es la nueva oportunidad que tenemos de ver claramente como lo cotidiano es público y al revés, y que aun en 2020 reproducimos patrones muy añejos en las culturas de cuidados, como ante una crisis sanitaria la violencia machista no solo sigue estando presente, sino que aumenta justamente como causa directa de la misma.

Porque si alguien puede, somos nosotras.

IMAGEN: Médicos del Mundo