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El Observatorio de Desigualdad de Andalucía analiza las profundas desigualdades urbanas en Andalucía, condenando la insuficiencia de las políticas públicas

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El Informe del Observatorio de Desigualdad de Andalucía, además de evidenciar las diferencias territoriales entre las aglomeraciones urbanas, los espacios costeros, las ciudades medias del interior y los ámbitos ubicados en las áreas rurales de montaña, analiza cómo se manifiestan los contrastes económicos y las desigualdades sociales entre los barrios de las mayores ciudades andaluzas.

Las grandes ciudades son los espacios más fragmentados y con mayor complejidad, puesto que en ellos se aglutinan las expresiones sociales y materiales de lo más cualificado, privilegiado, representativo y dinámico de las sociedades junto con las manifestaciones de lo más deteriorado, empobrecido, estancado y dependiente de ellas. El Observatorio llama a responsables públicos, agentes sociales y población local a iniciar un diálogo hasta alcanzar compromisos precisos y verificables de afrontamiento de los grandes retos que se acumulan en nuestras ciudades para combatir la desigualdad.

El Informe, presentado el 25 de mayo, se inicia con una reflexión a cargo del periodista Ángel Munárriz, quien afirma que en Andalucía durante los gobiernos de la etapa democrática “se hizo mucho de lo importante, pero faltó demasiado de lo difícil”. Tras esta introducción, la segunda parte del Informe aborda un análisis barrio a barrio de las desigualdades urbanas en las 12 ciudades andaluzas mayores a 100.000 habitantes, a partir de indicadores sobre los niveles de formación, empleo, renta o mortalidad.

La tercera parte la ocupa el anexo estadístico, con información evolutiva procedente de fuentes oficiales (Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, Instituto Nacional de Estadística y Eurostat), que permite hacer un seguimiento del comportamiento reciente de las diversas manifestaciones de la desigualdad, con una mirada comparada entre lo que sucede en Andalucía respecto al conjunto de España y la Unión Europea.

Durante el acto de la presentación, el Observatorio convocaba a profundizar en el conocimiento de las desigualdades entre los distintos barrios de los municipios de Sevilla y Dos Hermanas de la mano de Francisco José Torres Gutiérrez, profesor del Departamento de Geografía, Historia y Filosofía de la Universidad Pablo de Olavide.

Con el apoyo de nueva cartografía detallada a nivel de barrio, explicó porqué la ciudad nazarena “continúa siendo la única gran ciudad de España que crece cada año” y porqué Sevilla, con una población decreciente, se encuentra entre las ciudades andaluzas que presenta una mayor desigualdad urbana, con unas rentas cuatro veces más altas en los barrios más ricos que en los más pobres, y con una diferencia de nueve años en las esperanzas de vida.

Además del análisis por barrios de Sevilla y Dos Hermanas, se compartieron algunas claves de carácter regional. Por un lado, para llamar la atención acerca de la dicotomía entre la posición relativa de las capitales provinciales y algunas de las mayores ciudades de Andalucía con un comportamiento más positivo que el conjunto para los indicadores analizados, en contraste con las dinámicas que se producen en el interior de cada una de ellas y que encierran las mayores desigualdades. Por otro, para evidenciar una vez más que el principal obstáculo para conseguir el bienestar o una vida buena en nuestra geografía es el acceso al trabajo y la falta de ingresos.

Ante esto, son las familias, y algunas otras redes de apoyo mutuo, las que sostienen, amortiguan y elevan la cohesión hasta niveles sólo por detrás de Dinamarca o Islandia. Llegando a este punto, la pregunta era obligada: ¿qué están haciendo las políticas públicas para que nos sean las desiguales y esforzadas –en muchos casos- espaldas de las familias quienes absorban los impactos de un mercado de trabajo roto y unas políticas sociales que no corrigen situaciones de pobreza y desigualdad que terminan cronificándose?

Con unas desigualdades de rentas de hasta cuatro veces más altas en los barrios más ricos que en los más pobres, y con una diferencia de hasta nueve años en las esperanzas de vida, Jesús Maeztu, Defensor del Pueblo Andaluz, explicaba que las infraestructuras urbanas no es que hayan sido usadas como barrera para la división de los barrios, sino que han acabado siendo directamente trincheras. Y es que el correlato del mosaico que dibujan nuestros barrios en todos los indicadores analizados es absoluto. Una dramática perfecta coincidencia entre nivel renta de los hogares, tasa de desempleo, índice de formación y razón de mortalidad.

Si esta es la foto que puede proporcionar la sociedad civil organizada para tratar de exigir responsabilidades, no cuenta con mejor diagnóstico la propia Administración, que no cuenta con informaciones desagregadas para diseñar políticas públicas específicas con las que poder afrontar las desigualdades. Así, desde el Observatorio se cerraba el acto anunciando que iniciarán de inmediato interlocución con las nuevas corporaciones, así como solicitando a las instituciones andaluzas competentes que garanticen que se recaban datos estadísticos que arrojan mayor nivel de detalle que la actual Encuesta de Condiciones de Vida.

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