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La mitad de la población de Líbano, bajo el umbral de la pobreza

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Un año después de la brutal explosión que asoló el puerto de Beirut, epicentro social y económico de Líbano, el país está sumido en una crisis que ha aumentado las necesidades de ayuda humanitaria a medio y largo plazo de manera alarmante.
• Los daños en las infraestructuras dejaron viviendas y negocios total o parcialmente destruidos, incluyendo bienes, suministros y equipos. Esto se ha traducido en un aumento del desempleo y de la inseguridad alimentaria para miles de personas.
• La economía libanesa, debilitada por el conflicto sirio, el cierre de las rutas comerciales y el impacto de la COVID-19, se ha desplomado, haciendo que más de la mitad de la población se encuentre bajo el umbral de la pobreza. La caída del PIB se estima en un 40%, según datos del Banco Mundial.
• Acción contra el Hambre alerta del aumento de las necesidades humanitarias en el país, donde la alimentación y la atención médica son las necesidades prioritarias de la población.

En Líbano, un país afectado por una grave crisis económica y un contexto social inestable agravado por la pandemia del COVID-19, la explosión del 4 de agosto de 2020 ha provocado un aumento significativo de las necesidades humanitarias inmediatas. A día de hoy, más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.

“Un año después de la explosión de Beirut, la situación es catastrófica para la población libanesa, las personas refugiadas y las migrantes. El nivel de pobreza aumenta, lo que supone una presión adicional para las familias traumatizadas por la explosión. La crisis económica, política, social y sanitaria en Líbano es alarmante y, por lo tanto, el acceso al agua y al saneamiento, pero también a la seguridad alimentaria, la nutrición y los medios de subsistencia, es una grave preocupación para la población. La respuesta humanitaria debe garantizar el acceso a las necesidades básicas al mismo tiempo que se proporciona apoyo estructural en Beirut y en todo el país”, enfatiza Suzanne Takkenberg, directora de Acción contra el Hambre en Líbano.

La economía libanesa, ya debilitada por el conflicto sirio, la crisis de gobernanza, el cierre de las rutas comerciales y otros déficits estructurales, se ha desplomado, y el sistema bancario y financiero está a punto de colapsar. El Banco Mundial ha señalado recientemente que Líbano se enfrenta a su peor crisis. Como resultado, el desempleo y la pobreza extrema están aumentando, lo que hace más difícil que la población local, migrante y la refugiada (Líbano acoge a más de 1 millón de personas refugiadas por el conflicto en Siria) pueda satisfacer sus necesidades básicas.

El acceso a los servicios esenciales y a los medios de vida, cada vez más difícil

La pandemia desatada por la COVID-19 y las medidas de contención, como el cierre de fronteras y las restricciones de movimiento, han puesto en jaque la vida de miles de personas, que han visto cómo su capacidad para generar ingresos se veía limitada. De igual manera, el acceso a los servicios básicos de agua y saneamiento (que los problemas en el suministro de electricidad y combustible han dificultado más), así como al sistema sanitario, llevan más de un año afectados como resultado de la explosión en el puerto de Beirut, que interrumpió la actividad económica y el acceso a los servicios e infraestructuras públicas.

Ante este panorama, y sin capacidad de ahorro, las familias se han visto obligadas a adoptar medidas como reducir el tamaño y el número de las comidas diarias, restringir el consumo de algunos alimentos entre las personas mayores o pedir préstamos. Ello se ha traducido en un aumento de la inseguridad alimentaria y los índices de desnutrición. Según datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA), el 22% de los libaneses, el 50% de los refugiados sirios y el 33% de los refugiados de otras nacionalidades padecen inseguridad alimentaria.

El apoyo a pequeñas y medianas empresas, clave para reactivar la economía y el comercio local

A la presión que las pequeñas y medianas empresas estaban viviendo a causa del impacto de la COVID-19, se sumó a la destrucción de puestos de trabajo asociada a la explosión, tras lo que muchas tiendas y negocios se vieron obligados a cerrar. “Cuando ocurrió la explosión, yo estaba en casa. Tenía un turno en el hospital, no fui porque toda mi casa estaba dañada. Mi marido tenía los pies heridos, los médicos querían amputarlos”, recuerda Suzanne, quien trabajaba como enfermera hasta que ocurrió la catástrofe. Desde entonces, y a causa de las lesiones que sufrió su marido, Suzanne dejó su trabajo y ahora se ocupa del negocio familiar, una panadería que heredó de su padre.

Las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) representan más del 97% del total de las empresas privadas de Líbano y emplean a más del 50% de la mano de obra del país. Así, la respuesta de Acción contra el Hambre se ha centrado en apoyar este tipo de negocios mediante asistencia en efectivo y asesoramiento profesional, reactivando las economías familiares y el comercio local. Estas empresas se enfrentan ahora a más dificultades para seguir trabajando debido a los cortes de electricidad y la escasez de combustible, lo que demuestra que también es necesario un apoyo estructural.

La explosión del puerto de Beirut se cobró la vida de más de 200 personas, dejó heridas a más de 6.000 y dañó gravemente las infraestructuras de la capital de Líbano, especialmente las casas y los negocios de unas 250.000 personas.

Acción contra el Hambre trabaja en Líbano desde 2006 con un equipo de más de 150 personas, siendo una de las principales organizaciones que abastece, entre otros, de agua y saneamiento los asentamientos informales donde viven 1,5 millones de personas refugiadas sirias. Entre los objetivos de nuestro equipo está mejorar las condiciones de vida de las personas en situación de vulnerabilidad, garantizando el acceso a los servicios básicos de agua y saneamiento, salud y nutrición, y fortaleciendo sus medios de vida.

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