La liberación de las mujeres, una exigencia de futuro

Opinión

Fátima Djara Sani, mediadora de Médicos del Mundo Navarra.

Recuerdo el día que me llevaron a mutilar, lo recuerdo como una fiesta. Yo tenía 4 años y mi hermana, 8. Nos vistieron con nuestras mejores galas y a nuestro alrededor las mujeres cantaban y bailaban. Lo recuerdo ahora, porque durante muchos años, esas imágenes se habían borrado de mi mente. Volví a vivirlas cuando mi hermana pequeña iba a ser mutilada, y las mujeres de mi familia me hablaron de cómo fue el día en el que yo ingresé en la “sociedad secreta de las mujeres”.

Me llamo Fatima Djara Sani, soy de Guinea-Bissau y soy una superviviente de la mutilación, y también soy una mujer fuerte, luchadora, que desde mi trabajo como mediadora en Médicos del Mundo Navarra contribuyo a la prevención y erradicación de la Mutilación Genital Femenina en Navarra, pero también, gracias al papel multiplicador de la prevención, en muchos países africanos.

La Mutilación Genital Femenina es una práctica cultural nociva que afecta a unos 200 millones de mujeres y niñas en el mundo, se practica en 29 países de África y Oriente Medio, y en Europa la conocemos por los movimientos migratorios. Como siempre digo, la mutilación no acaba cuando la herida que te hacen deja de sangrar, las secuelas que deja la mutilación perduran toda la vida. Secuelas físicas: hemorragias, dolores intensos, complicaciones en el parto….y secuelas psicológicas: depresión, ansiedad, falta de deseo sexual.

La MGF es una grave vulneración de los derechos humanos de mujeres y niñas, de nuestro derecho a la dignidad, a la integridad física, a no sufrir tratos crueles e inhumanos, y del derecho fundamental a la vida. Y, sobre todo, la mutilación es una forma extrema de violencia contra las mujeres, sustentada en la desigualdad y en la injusticia, una forma de control del cuerpo y la sexualidad de las mujeres, que nunca puede ser justificada aduciendo prácticas o creencias culturales o religiosas. Thomas Sankara, el presidente de Burkina-Faso asesinado en 1987, dijo: “la MGF constituye un intento de conferir un rango inferior a las mujeres al señalarlas con esta marca que las disminuye y que es un recordatorio constante de que solo son mujeres, inferiores a los hombres, de que ni siquiera tienen ningún derecho sobre su propio cuerpo, ni a realizarse física ni espiritualmente”.

Duele pensar que esto se escribió en 1987 y que desde entonces, cada año, en los países africanos son mutiladas 3 millones de niñas. Pero, como no podemos quedarnos en el dolor, sino que hay que seguir trabajando para erradicar esta práctica cultural nociva, desde mi papel como mediadora lucho cada día para informar, formar y educar a la población africana en Navarra, y para sensibilizar a toda la ciudadanía, especialmente a profesionales de los ámbitos de la sanidad, educación, trabajo social, etc., sobre la MGF, y los logros han sido muchos: aprobación de Protocolos integrales para la Prevención de la MGF, o inclusión de la MGF en leyes autonómicas de violencia contra las mujeres. Y los retos que tenemos por delante también son muchos: trabajar con las comunidades de origen en su empoderamiento, la educación en igualdad, el compromiso de instancias políticas, sociales, culturales, religiosas para la erradicación de la MGF, el reconocimiento del trabajo de las mediadoras.

Mi lucha, que no es solo mía, es la de muchas mujeres y organizaciones que plantan cara a la MGF, está relatada en el libro que escribí junto al periodista Gorka Moreno: “Indomable: de la mutilación a la vida”, en el que narro pasajes dolorosos de mi vida, pero en el que planto una semilla de futuro, de un futuro más libre, más justo, más igualitario, porque, voy a citar de nuevo a Sankara: “la liberación de las mujeres es una exigencia de futuro”, por eso cada 6 de febrero, todos los 6 de febrero, las mujeres salimos a la calle a reivindicar #STOPMGF!