La “infodemia” o la “pandemia de la información” del Covid19

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La “Infodemia” consiste en que se genera una excesiva cantidad de información referido a un problema -coronavirus o covid19 en este caso- que hace que se dificulte encontrar una posible solución. Esta “pandemia de información” puede generar cierta confusión. Y puede forzar a tomar decisiones más para calmar a la población que porque sean realmente efectivas.

“Los árboles no nos dejan ver el bosque”. Una expresión que podríamos utilizar muchas veces cuando afrontamos cualquier situación crítica, y buscamos soluciones rápidas. Podemos también usarla con el importante problema de salud pública que supone la expansión del nuevo coronavirus SARS CoV-2, que provoca la enfermedad denominada COVID 19. La expansión del brote COVID 19 por todo el planeta está provocando una alerta sanitaria mundial que supone un reto para las autoridades políticas y de salud. Por el relativo corto espacio de tiempo transcurrido desde la aparición del SARS CoV-2, aún no se conoce a esta enfermedad en profundidad. Una enfermedad que, por ese desconocimiento que tenemos de su comportamiento y sus posibles efectos, está forzando a tomar unas medidas, sobre todo de aislamiento, que no se habían tomado nunca a nivel tan global.

Pero, ¿es este desconocimiento suficiente como para generar la alarma social que se ha provocado? Sin quitarle nada de la importancia que tiene esta pandemia, las noticias que aparecen una y otra vez en todos los medios de comunicación y redes sociales sobre el coronavirus, genera en la población una sensación de angustia, inseguridad y de alarma, que no ayuda precisamente a buscar las soluciones más adecuadas, ni individual, ni colectivamente. En los últimos días han aparecido noticias que confirman este hecho. En Irán se anunciaba la muerte de 27 personas por creer el bulo extendido por redes sociales de que el alcohol protegía del coronavirus, e ingerir alcohol industrial. En nuestro país, noticias del robo masivo de mascarillas en instituciones sanitarias, cuando no son efectivas para las personas sanas, o como muchas personas hacían acopio de alimentos, sin que estemos en una situación que nos haga pensar que vaya a ser necesario en un futuro inmediato, son ejemplos de acciones incontroladas y que no solucionan nada.

Hay una palabra que la OMS está usando para definir este comportamiento en la difusión de la información, “infodemia” (infodemics en inglés), que consiste en que se genera una excesiva cantidad de información referido a un problema-coronavirus en este caso-, que hace que se dificulte encontrar una posible solución. Esta “pandemia de información” puede forzar a tomar decisiones más para calmar a la población que porque sean realmente efectivas, que llegan a confundir a la población. Y es que esa necesidad de “hacer algo” (o hacer algo porque lo ha hecho mi vecino) puede llevar a que se aceleren la implementación de algunas respuestas contradictorias que generan una mayor confusión, e incluso pánico. Que en Italia se proponga el “cierre” de una región a las 2 de la mañana, y se difundiera esa información previamente, provocó la imagen de mucha gente huyendo de la zona, lo que anulaba la posible eficacia de esa medida de asilamiento. Que distintas autoridades políticas tomen medidas diferentes en zonas con situaciones similares, o que se anuncien la suspensión de algunas actividades y otras no, tampoco ayuda a que la población tenga un mensaje claro sobre qué es esta pandemia, cuáles pueden ser sus consecuencias y como podemos luchar contra ella. Toda política tiene su reacción, y hay que intentar preverlas e informar adecuadamente a la población. Pero las urgencias impiden esta previsión. El gobierno de El Salvador, sin ningún caso confirmado en el país, ha decidido “blindarse”, no tener actividades educativas 21 días y cierra sus fronteras a los extranjeros. Su población también está acaparando alimentos. Mientras, Alemania ha decidió no cerrarlas, con mas de 1.900 casos.

Para luchar contra la infodemia del coronavirus, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha creado una página web “EPI-WIN” con el fin de que la población tenga una información que provenga de fuentes fiables, aunque está solamente en inglés. También el Ministerio de Sanidad en España, además de sus positivos esfuerzos por informar diariamente de forma clara y tranquilizadora de la situación en el país, tiene una página websobre esta enfermedad.  Siguiendo la línea de aportar información veraz, en medicusmundi Internacional hemos recopilado algunos artículos, publicaciones o declaraciones y hemos lanzado una sección sobre Covid19 y los desafíos de la salud .Creemos que puede convertirse en un punto activo de información y sensibilización sobre el impacto de COVID19.

En estos momentos, y con el conocimiento actual, la estrategia que está siguiendo tanto la OMS como el Ministerio de Salud es adecuada, y no podemos caer en el alarmismo si esta enfermedad en el futuro incrementa su prevalencia y el número de muertes, como es esperable. Nuestro sistema sanitario es uno de los mejores del mundo, y está preparado para afrontar las consecuencias de esta enfermedad. Pero hay que conseguir contener tanto la extensión de la enfermedad como la extensión de la desinformación. Debemos procurar limitar una posible saturación de nuestro sistema, que debe seguir dando respuesta a muchos más problemas de salud que ahora parecen invisibles. Y ningún sistema sanitario, por excelente que sea, puede evitar que haya enfermedades. No solamente el comportamiento individual es crucial, debemos de tener presente los comportamientos colectivos, incluyendo nuestros sistemas económicos y sociales que pueden ayudar o no a mejorar la salud.

Lo que parece claro es que estas enfermedades no pueden manejarse exclusivamente desde un punto de visto local. El mundo global tiene muchas ventajas, pero también provoca que las enfermedades y su “des/información” traspasen fronteras mucho más fácilmente. Debemos tener presentes que estas enfermedades seguirán apareciendo en el futuro, como, por otra parte, ya lo hicieron en el pasado, pero ahora su expansión será más global. Desde los años 70 hasta 2007, se descubrieron 40 enfermedades infecciosas nuevas en el mundo, a añadir a las que ya conocíamos.

Tiempo habrá para analizar y mejorar las respuestas ante estas pandemias. Para reflexionar por qué ahora la población está más receptiva a medidas de protección individuales como lavarse las manos, o el uso de pañuelos desechables, cuando eran medidas que se llevan difundiendo para luchar contra la gripe, a la que se le atribuyeron en 2019 en España 6.000 muertes y más de 500.000 casos. Para analizar de qué forma tenemos que trabajar en el futuro en el concepto de salud global, una salud sin fronteras, ya que nos estamos dando cuenta de que las enfermedades no tiene pasaporte. De retomar el espíritu que emergió en Alma Ata sobre una verdadera Atención Primaria de Salud, donde la población esté bien formada e informada de todos los aspectos (individuales y globales) que definen su salud y tiene una participación activa, y no solamente siendo receptores de cuidados. De entender que el mayor problema puede ser que la desinformación o la mala gestión de la información nos lleve al pánico o a la excesiva relajación, que impida una respuesta eficaz. De comprender que, por muy importante que sea, el coronavirus no es ahora mismo el único problema de salud que tenemos en nuestra sociedad.

Pero ahora es el momento del consenso en estrategias y políticas coherentes, tanto sanitarias, económicas como sociales, del equilibrio entre el derecho a la información y la información útil, que haga que la población dimensione el problema en su justa medida. Para que, al final, eliminemos esos árboles de desinformación e incoherencia que nos impiden ver el bosque.