La cooperación para el desarrollo también cuenta en su voto

Opinión

Un lujo que no nos podíamos permitir. El mantra se repitió, más o menos sutilmente, para justificar los recortes aplicados a la política de cooperación en el contexto de la crisis. No nos cansamos de advertir el sinsentido de desmantelar algo en lo que no nos jugábamos el ajuste fiscal y que nos había costado décadas construir. Las consecuencias para miles de personas y para el prestigio internacional de nuestro país han sido enormes.

Desoyendo estas voces, España recortó su ayuda en un 70% entre 2010 y 2015 y acabó suspendiendo, el pasado marzo, el examen de pares realizado por el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE. En él se tildó al actual Plan Director de la Cooperación Española de “documento de buenas intenciones”. Como bromeaba en una reciente conferencia Gonzalo Fanjul, investigador y activista contra la pobreza, “la buena noticia es que peor no puede ir”.

La Política de Cooperación que queremos

Se puede garantizar un cambio de rumbo si hay voluntad política. Desde la Coordinadora de ONGD hemos elaborado un documento con 10 medidas que garantizarían ese giro de timón. La Política de Cooperación que queremos propone una nueva Ley de Cooperación y Desarrollo Sostenible que dé estabilidad y proyección a esta política. El documento alerta sobre la importancia de avanzar en la implementación de la Agenda 2030 y de definir una arquitectura institucional que priorice esta cuestión al más alto nivel. Urge a garantizar un mayor compromiso con los recursos destinados a cooperación, con fuentes tradicionales y nuevas fuentes de financiación, para salir del pelotón de cola del club de donantes —0,13% RNB en 2015— y alcanzar la media europea en 2020 —0,4% RNB—. Y demanda que se cuente con la voz y experiencia de las organizaciones de la sociedad civil.

El decálogo no se olvida de cuestiones cruciales como la necesidad de mejorar laAyuda Humanitaria —bajo mínimos en un momento de graves crisis humanitarias—. Destaca también el importante papel de la Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global o las cuestiones de género. Y llama a mejorar los mecanismos de cumplimiento de los derechos humanos y de estándares laborales, fiscales y ambientales internacionales por parte del sector privado, especialmente las empresas del IBEX35.

Después de 40 años de globalización, sabemos que nuestros problemas —y sus soluciones— son interdependientes y superan nuestras fronteras. Nuestro país tiene la responsabilidad de poner en marcha los importantes acuerdos firmados por la comunidad internacional en 2015 —también España—, y especialmente los Objetivos de Desarrollo Sostenible y elAcuerdo del Clima de Paris. Eso nos lleva a tener una mirada diferente sobre el desarrollo y entender que lo ocurre dentro y fuera de nuestro país son caras de la misma moneda.

Una de nuestras reclamaciones más importantes es avanzar en la denominadacoherencia de políticas para el desarrollo; es decir, que la política comercial, fiscal, de defensa, climática o migratoria no impacte negativamente y disminuya los resultados de la política de cooperación más allá de nuestras fronteras. Es crucial destinar a cooperación el 0,7%, pero también debemos alinear con los objetivos de desarrollo sostenible al 99% restante.

Voluntad política y responsabilidad ciudadana

Desde mediados de 2015, Polétika, una herramienta de vigilancia ciudadana 2.0., analiza qué dicen los programas electorales en cuestiones prioritarias para la ciudadanía. Una de las políticas analizadas es la cooperación. Tras el estudio detallado de las medidas que presentan los partidos políticos, el resultado arroja tres suspensos y ningún sobresaliente.

En contraste, la sociedad española ha sido mucho más responsable que unos políticos cada vez más centrados en otro tipo de intereses y cálculos cortoplacistas. De hecho, durante la crisis las personas no han dejado decolaborar con las ONG de desarrollo en todo tipo de causas. Recientemente, Andrés Amayuelas, presidente de la Coordinadora, recordaba que la responsabilidad de la ciudadanía española está muy por encima de la de sus representantes políticos: “Somos, junto a Suecia, la sociedad que más apoya el papel de nuestro país en la solidaridad y el desarrollo internacional y, sin embargo, los recortes nos han dejado en el pelotón de cola de la ayuda”.

Decía Gioconda Belli que la solidaridad es la ternura de los pueblos, ciertamente es la expresión más noble y responsable que podemos ofrecer como sociedad. La ciudadanía nos exige estar a la altura. Confiamos en que los representantes políticos que salgan de las urnas no lo olviden.

Marco Gordillo es vocal de Incidencia Política de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo

La Coordinadora de ONG de Desarrollo de España lanzó el pasado 9 de junio el documento “la cooperación que queremos” con 10 demandas necesarias para recuperar una política castigada por los recortes y que en la actualidad es estratégica para la lucha contra la pobreza, la desigualdad, la crisis humanitaria y la crisis ambiental y para el cumplimiento de la Agenda 2030 y el Acuerdo de París.

(Artículo publicado inicialmente en Planeta Futuro)