ISF, a la ciudadanía andaluza: estas navidades, Practica L’Off

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ISF Andalucía lanza estas navidades una propuesta a la sociedad andaluza: Practicar L’Off. Significa apagar el interruptor. Romper con nuestros hábitos de consumo y ocuparnos de las personas. Consumir felicidad y no bienes materiales. Pasear por el campo, ver una puesta de sol, encontrarnos con seres queridos, bailar o cualquier otra actividad respetuosa con las personas y el medio ambiente. Porque nuestro modelo de consumo está acabando con el planeta y con la vida, a la vez que hipotecando el futuro de niños, niñas y jóvenes. La organización propone celebrar la fiesta de la vida, no la del consumo.

Un año más llegan las navidades, y con ellas toda una serie de rituales, muchos de los cuales se relacionan directamente con el consumo: el #BlackFriday, el #CyberMonday, o su versión solidaria, el #GivingTuesday, entre otros. Y año tras año, desde ISF Andalucía y otras muchas organizaciones afines se vienen lanzando mensajes totalmente opuestos a lo anterior: aprovecha para no consumir y reencontrar un modo de vida que dejamos atrás hace tiempo, más consciente de los límites del planeta y más respetuoso con la vida. En un momento histórico de rebelión, en el que nos declaramos en emergencia climática; en el que Acciona, Endesa, Iberdrola y Suez se pasean por la zona verde de la COP25 haciendo suyo un mensaje que las organizaciones sociales llevamos mas de 50 años defendiendo; en un momento en el que sabemos que en 30 años gran parte de la bahía de Cádiz estará bajo el mar. En un momento así, ISF Andalucía estima conveniente recordar cuál es el origen de sus argumentaciones en contra del modelo de consumo imperante.

La realidad es que no existen recursos naturales en el planeta para mantener los niveles de consumo actuales. Según datos de Global Footprint Network de 2016, necesitaríamos 1,69 planetas para seguir con nuestro modelo de vida actual. ¿Cómo es posible, entonces, que nos salgan las cuentas? Muy sencillo: estamos utilizando los recursos de las generaciones futuras, que a este ritmo heredarán un planeta herido de muerte. En el Estado español, la situación es aún más alarmante. Si los niveles de consumo mundial fueran como los nuestros, necesitaríamos 2,48 planetas.

Además, nuestro modelo de consumo lleva asociado un derroche energético insostenible. No sólo hablamos de la energía asociada a los procesos de fabricación, sino también de los kilómetros de distancia que recorre cada producto y sus componentes durante su ciclo de vida, y de la cantidad de envases y embalajes asociados. Materiales innecesarios que acaban en vertederos, cuando no en una isla de plásticos en mitad del Pacífico. Las energías renovables no son una solución. Tienen limitaciones técnicas que hoy por hoy son insalvables, y también lo serán en un futuro inmediato. En conclusión, es necesaria una reducción drástica de los niveles de consumo energético hasta el punto de que nuestro modo de vida ha de transformarse por completo. Y ello implica un cambio igualmente drástico en nuestro modelo de consumo.

Existe también un alto consumo de agua asociado a los procesos de producción. Según la Water Footprint Network, se consumen 27 litros de agua para producir una taza de te; 2500 litros para producir una camiseta de algodón; o 15415 litros para producir un chuletón de ternera. El impacto de esto en nuestros acuíferos es irreversible, se traduce en daños en nuestra salud, y pone en peligro nuestra supervivencia y la de todas las formas de vida del planeta.

Por último, y no menos importante, nuestras compras también generan un grave impacto social, distribuido por todas las fases del ciclo de vida. En los productos que requieren extracción de minerales (especialmente productos electrónicos) en muchas ocasiones se utiliza mano de obra de bajo coste, incluso infantil. Los llamados minerales de conflicto (coltán, oro, tántalo, wolframio, litio, etc.) provocan guerras en las zonas de extracción, donde muchas personas son asesinadas y mujeres y niñas sufren violaciones. Por otro lado, las cadenas de ensamblaje, normalmente ubicadas en países asiáticos, implican altos niveles de explotación laboral. Esto también es extrapolable a otras industrias, como la textil. El descarte de los materiales electrónicos también es un problema, generando residuos difícilmente separables, y por tanto difíciles de reciclar.  También el cultivo intensivo de productos agrícolas requiere el uso de agrotóxicos como el glifosato, que provocan enfermedades en las comunidades, contaminan el agua y el aire y hacen imposible la agricultura tradicional de subsistencia en terrenos colindantes.

Resumiendo, y en términos prácticos, pagamos todo lo que consumimos a precios muy bajos que no reflejan el coste real del producto. Este coste se externaliza y es pagado por las personas implicadas en los procesos de producción con sus derechos sociales, su salud y hasta con su vida. En todo lo anterior existe, además, una componente importante de género: además las mencionadas violaciones en zonas de conflicto, mujeres y niñas soportan peores condiciones laborales, o simplemente asumen una carga de cuidados mayor derivada de los impactos en la salud de todo lo mencionado.

Por todo lo anterior, éstas navidades ISF Andalucía propone a la sociedad andaluza comprar de manera consciente, responsable y teniendo presente todo lo anterior. Y si es posible, que reducir nuestros niveles de consumo. Por nuestro planeta, por las personas y las especies que lo habitamos, por nuestro futuro, por nuestras hijas e hijos… Pulsemos el interruptor: estas navidades vamos a practicar L’Off.