
Por Chema Vera
La guerra se abate sobre una región que lleva décadas encadenando conflictos y sumida en la violencia. Con el foco puesto en la agenda militar y política, así como en la anticipada crisis económica, se olvida a las víctimas civiles de la guerra. Cuando el asesinato de niños no abre los informativos algo se está secando en el corazón de la especie humana. La protección de sus vidas debería ser el primer asunto en los medios y la prioridad en las negociaciones.
En el momento de escribir este artículo, al menos 1.100 niñas y niños han sido asesinados o heridos desde el 28 de febrero, fecha de inicio de la escalada. El número será mayor y seguirá creciendo mientras bombas y misiles caigan de forma indiscriminada.
En el Líbano hay al menos 91 niños y niñas asesinados en una guerra abierta que alcanza áreas civiles en casi todo el país y que ha forzado a huir a más de 800.000 personas, 200.000 niños, muchas de las cuales ya habían tenido que hacerlo varias veces. Un país roto por guerras sucesivas, que había logrado contener la violencia por unos meses y que vuelve a ser laminado por un conflicto que coloca a la población civil entre la espada y la pared, literalmente.
En Irán han sido asesinados al menos 200 niños, entre ellos las 168 niñas de la escuela de Minab arrasada por un misil. A este número hay que sumar los menores asesinados, heridos y presos por el régimen iraní durante las movilizaciones pacíficas recientes. 105 infraestructuras, entre ellas 20 escuelas y 10 hospitales han sido atacadas y total o parcialmente destruidas en estas semanas.
Cuatro niños asesinados en Beit Shamesh en Israel y una niña en Kuwait. No hay que olvidar a la Franja de Gaza, donde matan a un niño al día desde la firma del "alto el fuego" y donde la ayuda humanitaria se ha visto restringida de nuevo desde finales de febrero, al repetirse el cierre de pasos y los bloqueos a la libre circulación de bienes indispensables para sostener cientos de miles de vidas frágiles. Tampoco hay que dejar de mirar lo que ocurre en Cisjordania, donde 231 niños han sido asesinados por el ejército israelí o por colonos desde octubre de 2023, cuatro de ellos en los últimos días.
Y así podríamos seguir hasta ahogarnos en el lodo de la indignación. La realidad es que el terror alcanza a todos los niños que escuchan de forma regular el sonido de aviones, drones, misiles y bombas. Que deben correr a refugios sólidos o improvisados, o que no tienen donde protegerse y quedan al albur de armas de destrucción que ya han probado su capacidad para no distinguir las vidas infantiles.

Foto: Unicef
En este caso la guerra es regional y, de forma directa o indirecta, afecta a la población de 13 países en una región que ya sufría una severa crisis. De hecho, 46 millones de niños necesitan de la asistencia humanitaria para vivir y ya son 30 millones los que no están escolarizados. Cifras que solo se están acentuando en estas semanas de ebriedad violenta.
La escalada de la crisis y, por lo tanto, de las necesidades, coincide con dos factores que lastran la ayuda indispensable para salvar vidas con la mayor urgencia. Por un lado, los recortes en la financiación por parte de gobiernos donantes, especialmente, aunque no solo, Estados Unidos. Solo en el caso de UNICEF esta retirada brusca de fondos supone contar para Oriente Medio con 250 millones de dólares menos este año que en 2025, cuando se necesitaría mucho más. Por otro, las violaciones del Derecho Internacional Humanitario se han convertido en algo barato, común e impune. Siempre ocurrieron, pero nunca en esta extensión y profundidad, también por parte de países que en tiempos defendieron estas reglas que protegen a la población civil.
Todos debemos exigir que haya una negociación y que se contenga la violencia para dar paso a un alto el fuego y a la paz. Mientras haya hostilidades, las partes, todas, tienen la obligación de respetar el Derecho Internacional Humanitario y de los Derechos Humanos que exige proporcionalidad y protección de la población civil, de la infancia de forma especial, así como no atacar infraestructuras civiles esenciales para la vida, lo que incluye las de agua y por supuesto escuelas y hospitales. No habría ni que decirlo. Recuperar la financiación de la ayuda humanitaria es esencial para responder de forma adecuada y que los profesionales cuenten con los medios y equipos para trabajar.

Foto: UNICEF
UNICEF mantiene equipos humanitarios en todos los países de la región, cerca de la infancia que sufre en situaciones extremas. Trabajan en coordinación con gobiernos y con otras agencias y organizaciones locales. UNICEF repara los sistemas de agua potable y saneamiento, asegura la nutrición de cientos de miles de niños y niñas, refuerza los sistemas sanitario y educativo, da apoyo psicosocial y trabaja por la protección de la infancia y la reagrupación de niños perdidos. Podría dar cientos de números. Los resumo en dos palabras "quedarse y responder" ("stay and deliver").
Jugándose la vida. En Oriente Medio y en otros lugares. La semana pasada, una compañera de UNICEF, Karine Buisset, fue asesinada durante un ataque con drones a la residencia del equipo en Goma, República Democrática del Congo, en la frontera con Ruanda. Cientos de trabajadores humanitarios han sido asesinados en Gaza, también en otras crisis olvidadas. Se mata a los niños y a quienes tienen el mandato y la vocación de sostener sus vidas y proteger su integridad. Algo muy profundo falla cuando no se respeta ni esta última frontera de la ética.
Crece la tolerancia para matar niños de forma impune. Si hay quien no se estremece e indigna con el asesinato de un niño, de 168 niñas, de un bebé, de un chaval de 10 años, reventados por bombas, es que su corazón se heló a base de absorber y normalizar lo que es inaceptable. Es que es incapaz de mirar a una madre, a un padre, con las entrañas rotas por un dolor infinito, que recoge los restos de su hijo al que no pudo proteger, triturados por la carga explosiva de un misil. Quien asesina a bombazos a niños debería ponerse en su piel y sentir ese dolor eterno.
(Artículo publicado en El Confidencial)