Día mundial de la alimentación: “Urge hacer realidad la Resolución 2417 de Naciones Unidas para detener el aumento del hambre”

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En la última Asamblea de Naciones Unidas Acción contra el Hambre urgía a poner en práctica medidas urgentes para aplicar la resolución 2417 (aprobada en mayo de este año) para romper el vínculo entre hambre y conflictos. “La resolución 2417 del Consejo de Seguridad es una oportunidad histórica para prevenir y erradicar el hambre provocado por las guerras. No es casualidad que los mayores programas de Acción contra el Hambre tengan lugar en países afectados por conflictos.Necesitamos urgentemente soluciones políticas para transformar cuanto antes esta resolución en realidad y revertir la tendencia al alza del hambre de los tres últimos años”, explica Manuel Sánchez-Montero, director de incidencia y relaciones institucionales.

El uso del hambre como arma de guerra contraviene las principales convenciones del derecho internacional humanitario: “la comunidad internacional tiene la responsabilidad de perseguir tal uso como crímenes de guerra en los tribunales nacionales e internacionales, algo que hasta ahora no se ha hecho”, explica Sánchez-Montero.

Estamos promoviendo la creación de mecanismo de alerta que documentaría todos los episodios de uso del hambre como arma de guerra contra la población civil para su posterior seguimiento. Aunque la destrucción de tierras y bienes productivos es algo frecuente en conflictos últimamente asistimos también a una interrupción deliberada de los flujos de comercio para ahogar las economías locales y matar de hambre a su población: estas prácticas también deben ser identificadas, documentadas y perseguidas.

Por otra parte, la inseguridad alimentaria es un factor presente en el origen del 70 % de los conflictos: “es necesaria una inversión adecuada en agricultura, salud, medios de vida y nutrición para poder romper este sentido de la relación guerra-hambre”, explica Sánchez-Montero.

ACH señala también los crecientes impactos sobre medios de vida y seguridad nutricional de las operaciones militares llevadas a cabo por Ejércitos regulares y otras partes en conflicto: “es crucial que la agenda de seguridad deje de condicionar la ayuda humanitaria. No podemos mezclar objetivos políticos con objetivos de ayuda humanitaria”, explica Sánchez-Montero. Un ejemplo donde este nexo seguridad-desarrollo está teniendo nefastas consecuencias sobre la población más vulnerable es Sahel.  Las normas para la provisión de la ayuda humanitaria deben estar exclusivamente basadas en el análisis de necesidades y no supeditadas a medidas políticas como normas de control migratorio o de lucha antiterrorista.

Algunos datos clave del último informe FAO:

Los nuevos datos continúan indicando un incremento del hambre en el mundo y una inversión de las tendencias tras un prolongado descenso. Se estima que en 2017 el número de personas subalimentadas aumentó hasta los 821 millones: alrededor de una de cada nueve personas en el mundo.

Aunque continúan realizándose ciertos progresos en la reducción del retraso del crecimiento, los niveles siguen siendo inaceptablemente elevados. Casi 151 millones de niños menores de cinco años de todo el mundo, o más del 22%, estaban afectados por retraso del crecimiento en 2017.

La emaciación continúa afectando a más de 51 millones de niños menores de cinco años del mundo y estos niños tienen un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad. Además, 38 millones de niños menores de cinco años sufren sobrepeso.

La obesidad en adultos está agravándose y más de uno de cada ocho, o lo que es lo mismo más de 672 millones, son obesos. La desnutrición y el sobrepeso y la obesidad coexisten en muchos países.

La inseguridad alimentaria contribuye a la desnutrición, así como al sobrepeso y la obesidad y coexisten altas tasas de estas formas de malnutrición en muchos países. El costo más alto de los alimentos nutritivos, el estrés que significa vivir con inseguridad alimentaria y las adaptaciones fisiológicas a la restricción de alimentos ayudan a explicar por qué las familias que enfrentan inseguridad alimentaria pueden tener un riesgo más alto de sobrepeso y obesidad.

El escaso acceso a los alimentos hace que aumente el riesgo de bajo peso al nacer y retraso del crecimiento en los niños, que están asociados a un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad en etapas posteriores de la vida.

La exposición a eventos climáticos más complejos, frecuentes e intensos amenaza con menoscabar y revertir los avances realizados en la erradicación del hambre y la malnutrición.

Además de los conflictos, la variabilidad y las condiciones extremas del clima se encuentran entre los factores clave del reciente aumento del hambre en el mundo y son algunas de las causas principales de crisis alimentarias graves. El efecto acumulativo de los cambios en el clima está minando todas las dimensiones de la seguridad alimentaria, esto es, la disponibilidad de alimentos, el acceso, la utilización y la estabilidad.

La nutrición es extremadamente susceptible a los cambios climáticos y, como resultado, soporta una pesada carga, como lo demuestran el deterioro de la calidad de los nutrientes y la diversidad en la dieta de los alimentos producidos y consumidos, las repercusiones en el agua y el saneamiento y los efectos en los patrones de riesgos sanitarios y enfermedad, así como los cambios en la atención maternoinfantil y la lactancia materna.

Se deben acelerar las acciones y ampliar su escala a fin de reforzar la resiliencia y la capacidad de adaptación de los sistemas alimentarios, los medios de vida de las personas y la nutrición en respuesta a la variabilidad y las condiciones extremas del clima.

Las soluciones exigen asociaciones más estrechas y financiación plurianual en gran escala para programas integrados de reducción y gestión de riesgos de catástrofes y adaptación al cambio climático con perspectivas a corto, a medio y a largo plazo.

Los indicios de una creciente inseguridad alimentaria y los altos niveles de las diferentes formas de malnutrición son una clara y urgente advertencia de que es una necesidad urgente por conseguir para asegurarnos de “no dejar a nadie atrás” en el camino hacia la consecución de las metas de los ODS sobre seguridad alimentaria y nutrición.