7 días, 18 vacas, una victoria contra el desierto

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Un proyecto piloto en Níger consigue restaurar suelos mediante la pernoctación de animales

Una lluvia de 300-350 mm al año sería suficiente para que la población de Sahel pudiese seguir practicando la agricultura y el pastoreo como medio de vida… siempre y cuando el suelo fuese capaz de retener esta poca agua. En un continente especialmente golpeado por las crisis climática (45 millones de personas en 18 países -7 millones más que en 2017- necesitan ayuda humanitaria por culpa de la sequía), el manejo holístico del suelo se revela como una batalla clave en la guerra contra la desertificación. “El futuro de los medios de vida en Sahel, donde las lluvias son hoy un 15% menores que hace 50 años, pasa por una mejor gestión del agua y del suelo, bienes cada vez más preciados para 300 millones de personas”, explica la responsable de seguridad alimentaria y medios de vida de Acción contra el Hambre, Hélène Pasquier. 
También señala, además del cambio climático, a la mano del hombre como responsable de que el desierto gane terreno en esta región: “El monocultivo de cereales y el hecho de que el pastoreo sea permanente en las mismas zonas durante mucho tiempo está agotando la capa superior del suelo, con lo que la retención del agua es menor. Esto, añadido a una mayor erosión de precipitaciones cada vez más intensas sobre suelos desnudos en la temporada de lluvia deja los suelos enormemente debilitados hasta que se produzca su agotamiento”.

Orina y estiércol para conseguir hierba y cultivos 
Acción contra el Hambre decidió poner en marcha en 2019 junto a la organización española AleJAB (nodo del Instituto Savory para Península Ibérica y norte de África) un proyecto piloto para tratar de aprovechar los nutrientes naturales de los animales sobre los suelos: “convencimos a las comunidades de Keita, una de las zonas más afectadas por el hambre en Níger, para que hiciesen pernoctar sus animales en un perímetro cercado durante siete noches para abonar el terreno. Solo tenían 18 vacas. Al cabo de esa semana, se cerró el perímetro para que las pocas plantas presentes se recuperasen. La orina y heces producidas durante siete días, y el descanso de las hierbas tuvieron efectos asombrosos sobre la regeneración del suelo: en solo ocho semanas el pasto volvió a crecer”, explica Joaquín Cadario, coordinador del proyecto. “Es la forma más sostenible posible de compatibilizar agricultura, pastoreo y adaptación al cambio climático”, añade.

Próximos pasos 
Acción contra el Hambre trabajará ahora con las comunidades locales para definir un modelo de gestión del territorio que aporte el abono natural de los animales y permita la recuperación de las hierbas, y por consiguiente, del suelo. “El efecto demostrativo de las parcelas ha sido muy positivo. La población ha visto el potencial que tienen sus terrenos y quiere aunar esfuerzos para luchar contra la desertificación y el cambio climático”, añade Pasquier.

El 17 de junio es el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía.
*FOTO: La imagen muestra la recuperación del suelo en solo ocho semanas tras dejar pernoctar a 18 vacas.