Conflictos y fenómenos climáticos ralentizan el fin del hambre

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El informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2017” presenta las nuevas cifras del hambre: 815 millones de personas, 40 millones más que hace dos años. El enquistamiento de conflictos, su relación con el hambre y la proliferación de los fenómenos climáticos podrían revertir la tendencia positiva hacia el fin del hambre que alcanzamos en los últimos años.

“Aunque las causas del hambre son complejas dos son los fenómenos que están amenazando la tendencia positiva que habíamos alcanzado en los últimos años de reducción de la desnutrición: la multiplicación, y sobre todo el  enquistamiento, de múltiples conflictos en el mundo (las cuatro grandes crisis de este año – Yemen, Nigeria, Somalia y Sudán del Sur- están directamente relacionadas con la violencia) y la mayor recurrencia e intensidad de los fenómenos climáticos extremos”, asegura el director general de Acción contra el Hambre, Olivier Longué.  2017 será recordado como el año en el que cuatro países estuvieron simultáneamente al borde de la hambruna, una situación inaceptable en el siglo XXI. Y también como el año de uno de los mayores azotes del fenómeno de El Niño.

Romper el círculo vicioso entre hambre y conflicto
En 2008 y 2011, la crisis alimentaria mundial y los disturbios resultantes, pusieron de relevancia la relación entre hambre el hambre y los conflictos, y la necesidad de considerar el hambre como una cuestión de seguridad internacional.   Actualmente aproximadamente 167 millones de personas con una alimentación insuficiente viven en países afectados por conflictos prolongados, una prevalencia tres veces mayor que en los países en desarrollo sin conflictos latentes. En muchos de estos conflictos el hambre es una consecuencia directa de la violencia e incluso un arma de guerra. Miles de personas huyen de la violencia buscando refugio en lugares vecinos dejando atrás sus medios de vida y completamente desprovistos de alimentos y agua segura. Las restricciones de acceso, a menudo utilizadas como táctica de guerra, impiden que las víctimas puedan acceder a la ayuda humanitaria necesaria para su subsistencia. Al mismo tiempo, el hambre y la inseguridad alimentaria son factores clave en el aumento de tensiones e inestabilidad, contribuyendo a generar y perpetuar los conflictos.

Paralelamente, estamos asistiendo a un aumento de la frecuencia e intensidad de los desastres: “aunque en este momento lo más mediático estén siendo los huracanes del Caribe, en 2017 se han producido una serie de enormes (y silenciosas) sequías en algunos de los países más frágiles del planeta como América central, el sudeste asiático y África del este, y graves inundaciones en Latinoamérica, Kenya o la India”, añade Longué.

Nutrición, por fin en primera fila
El informe de este año presenta una importante novedad desde el título: “por primera recoge la palabra´ nutrición´, y no solo inseguridad alimentaria, reconociendo así la desnutrición como un problema masivo de salud pública, cuyas dimensiones epidémicas están relacionadas con el 45% de las muertes de antes de los cinco años en todo el mundo y reconociéndola también como la inversión más rentable para el desarrollo”, explica el director técnico de Acción contra el Hambre, Amador Gómez.  Hay que tener en cuenta que el informe de la FAO ofrece datos de malnutrición, que engloba tanto la desnutrición como la obesidad.

Además de ser un problema de salud pública y seguridad alimentaria, la desnutrición es también un problema económico de calibre mundial: “se estima que equivale a una pérdida anual del 3% del PIB mundial (y hasta un 11% en África y Asia). Sin embargo, la nutrición si se realiza en el periodo adecuado (primeros 1000 días desde la concepción puede ser una excelente inversión en desarrollo y futuro: de cada dólar invertido se generan 16 en retorno.”, añade Gómez. A pesar de las pruebas aportadas sobre el impacto de los programas nutricionales, la inversión actual sigue siendo muy baja. En promedio, los gobiernos de los países en desarrollo destinan el 2,1% de su presupuesto a la nutrición; y menos del 1% de la Ayuda Oficial al Desarrollo total se dedica a la nutrición. Se estima que se necesitarán 7000 millones de dólares de financiación adicional anual para alcanzar en 2025 cuatro de los seis objetivos mundiales relacionados con la nutrición.

Recomendaciones de Acción contra el Hambre
Aún estamos a tiempo de alcanzar las metas globales de erradicación del hambre y la desnutrición. Para ello es crucial que:

  • tanto los estados donantes como las partes en conflicto deben facilitar el acceso a la ayuda por parte de las víctimas. Particularmente los estados donantes deben acompañar la provisión de fondos al despliegue de medidas políticas y diplomáticas que refuercen el acceso a la ayuda por las víctimas y la seguridad de los trabajadores humanitarios;
  • los estados donantes deben aumentar en cantidad, agilidad y previsibilidad los fondos necesarios para hacer posible la respuesta humanitaria, tanto para las crisis repentinas como las prolongadas en el tiempo;
  • los donantes y los gobiernos de los países en desarrollo deben aumentar su financiación a largo plazo para fortalecer la capacidad de respuesta a crisis alimentarias y reducir la vulnerabilidad de los grupos en riesgo de hambre y de desnutrición, mediante el apoyo a la agricultura a pequeña escala y a la mitigación del cambio climático y estrategias de adaptación al mismo,
  • también deben elaborar planes sostenibles a largo plazo junto con estrategias nutricionales que vayan más allá de la fase de emergencia.